El dato político de las PASO mendocinas surgió desde el peronismo, tras el triunfo de la fórmula Fernández-Tanús. La escueta diferencia porcentual no refleja el cimbronazo provocado puertas adentro: el volumen simbólico –casi épico- de derrotar a un anquilosado justicialismo, se complementa con la consolidación territorial y legislativa de Unidad Ciudadana. El Cambiemos mendocino le allanó el camino a Rodolfo Suárez, quien deberá librarse de la mordaza del gobernador Cornejo, ocupado desde ayer en otras lides, para afianzar su ventaja en la general.

Foto: Seba Heras
Mario Abed, Rodolfo Suárez y Alfredo Cornejo.

Ya suspendido el escrutinio provisorio, los datos de las elecciones primarias desarrolladas el domingo definieron que Rodolfo Suárez (Cambia Mendoza), Anabel Fernández Sagasti (Frente Elegí), José Luis Ramón (Protectora) y Noelia Barbeito (Frente de Izquierda y los Trabajadores) dirimirán la gobernación de nuestra provincia el próximo 29 de setiembre.

Si bien el intendente capitalino se posicionó como el favorito, tras superar a su par de Luján Omar De Marchi y soportar la pesada mochila macrista, la interna peronista concentró la atención. Por la paridad y el resultado final, con sensación de batacazo.

La triple (F)rontera

Foto: Jo Thomatis
Anabel Fernández Sagasti y Jorge Tanús

Algunos antecedentes despertaban expectativas triunfales en Unidad Ciudadana, que con su fórmula Fernández Sagasti-Jorge Tanús obtuvo 18,33% de los votos, un 1% más que su competidora Alejandro Bermejo-Cristina Da Dalt.

La primera referencia comparable en el pasado reciente se puede hallar en las elecciones legislativas del año 2017. Un peronismo desintegrado y ausente de líderes llegó dividido en tres espacios y sin acuerdos a la PASO de ese año. Con pocos recursos y una muy buena campaña, Juani Jofré encabezó la boleta como precandidato a diputado nacional por Unidad Ciudadana. A pocos días de la elección encendió todas las alarmas, pero finalmente quedó detrás de Omar Félix, el candidato del aparato.

Elecciones PASO 2017 | La lista encabezada por Félix derrota a Unidad Ciudadana.
Foto de archivo: Cristian Martínez

 

Elecciones PASO 2017 | Fernández Sagasti asume la derrota legislativa.
Foto de archivo: Coco Yañez

En aquel momento –al igual que ahora- el factor que hizo despegar al sancarlino, joven y con escaso conocimiento en el electorado, fue su referenciación en Cristina Fernández de Kirchner, lograda en gran parte por una eficiente estrategia comunicacional de bajo presupuesto, pero adaptada a los lenguajes y tecnologías de la comunicación actuales. En cambio, Omar Félix y su sector –al igual que ahora- fueron ambiguos cuando no negacionistas de la identidad K, y recostaron su campaña en mensajes y formatos tradicionales muy distantes de franjas significativas de la población, como las mujeres y las y los adolescentes y jóvenes.

La sensación que quedó instalada entonces, contrafáctica y por lo tanto incomprobable, es que una semana más de campaña hubiese catapultado a Jofré al triunfo. Entre la primaria y la elección general, el peronismo perdió algo más de ocho puntos, lo que posibilitó la irrupción de José Luis Ramón en el escenario político provincial, quien les arrebató una banca en el Congreso de la Nación.

Unidad del peronismo en 2017.
Foto de archivo: Coco Yañez

Consecuencia de esa elección, aparece un segundo elemento que condicionó el actual panorama del peronismo mendocino. En la típica gimnasia de reordenamiento de su estructura partidaria, y sin la omnipresencia del Chueco Mazzón, Unidad Ciudadana se alió con parte importante del tercer espacio que compitió en aquellas PASO. Encabezado en ese momento por Jorge Tanús, Construyendo conformaba la retaguardia del exvicegobernador Carlos Ciurca, un armador que prescindió de visibilidad para su hábil quehacer político.

Sin embargo, la suma de dos más dos no resultó cuatro y el justicialismo afianzado en las gestiones municipales resistió la embestida. Las diferencias estaban explicitadas, las broncas a flor de piel, y finalmente la Legislatura expuso la fractura en dos bloques.

2018: Fernández Sagasti y Cornejo en Casa de Gobierno.
Foto de archivo: Prensa Gob. Mza.

Un peronismo cada vez más agrietado y sin liderazgo fue testigo del tercer incidente que vislumbró definitivamente la precandidatura de Fernández Sagasti: la iniciativa de Cornejo de ampliar la Suprema Corte de Justicia.

En un juego de mutua conveniencia, el gobernador se cansó del desorden y exigencias de los distintos sectores del peronismo para que aprobaran su proyecto y posicionó a la senadora nacional como interlocutora válida, quien con una incipiente fuerza legislativa podría saldar el conflicto y exhibir vocación de diálogo por parte de su espacio.

Fotografías: Gentileza

La reforma finalmente se frustró, pero el golpe táctico de Cornejo y Fernández Sagasti impactó sobre las restantes expresiones peronistas. Probablemente en aquel sorpresivo cimbronazo el gobernador y la legisladora, quien siempre se apoyó en el aval de Cristina, cimentaron las bases de este presente. Conjeturas circularon por decenas y alimentaron igual número de tesis conspirativas que desestabilizaron la confianza de la militancia más intransigente. Lo cierto es que en la arena política de cada día las intenciones inconfesables poco importan y, por el contrario, la realidad de los frutos se impuso.

A pocos días del encuentro con el jefe radical, Fernández Sagasti hizo pública su intención de ser gobernadora.

Estos tres antecedentes marcaron las limitaciones de un peronismo vetusto, sin reacción y anclado en las presuntas garantías de comandos territoriales que efectivamente dominan, pero no son suficientes para forjar un proyecto político provincial, integral y competente que interpele y ofrezca respuestas a un diverso, complejo y fluctuante electorado, vulnerable a la incidencia para nada menor de medios hegemónicos de comunicación disciplinados por la multimillonaria pauta oficial del gobierno.

Foto: Jo Thomatis

Pero la política no es solo táctica. Renovación, frescura, madurez, conducción y perspectiva feminista, propuestas, y una campaña planificada -que nuevamente optimizó recursos, arriesgó creativamente y reflejó cercanía con la gente- se incluyen entre los méritos de Fernández Sagasti, para ser desde el domingo la candidata del peronismo local, un objetivo estratégico que se trazó a pesar de la demonización sistemática del gobierno y las corporaciones mediáticas por su pertenencia a la agrupación La Cámpora.

Indudablemente, otra de las fortalezas de la primera mujer con posibilidades de gobernar Mendoza, a diferencia de sus opositores internos, fue mantenerse siempre cerca y fiel al ideario kirchnerista, particularmente a la figura de Cristina Fernández, pese al constante y ya infructuoso canto de sirenas que sigue anunciando un “fin del populismo” que nunca llega.

Foto: Gentileza F. Sagasti

Su proximidad con las mujeres, la juventud y los segmentos urbanos y productivos empobrecidos por Cambiemos, resultó elocuente en su saldo electoral.

Por último, el armado político de Anabel cobró volumen con pejotistas históricos que reportaron a su caudal en territorios clave, como Jorge Tanús, Carlos Ciurca, Guillermo Amstutz y Alejandro Abraham. En un escenario absolutamente diferente a los últimos años de gobierno de Cristina y con características más cercanas a la debacle de 2001, el kirchnerismo local ensayó con éxito un pragmatismo “nestorista” que le permitió diseñar una estructura competitiva, con actores políticos, sociales y sindicales, y la mirada puesta en sostener y retener al resto del peronismo que apoyó a Alejandro Bermejo.

Alejandro Bermejo y Cristina Da Dalt.
Foto: Coco Yañez

A pesar de la ínfima diferencia entre las listas peronistas en las PASO, Unidad Ciudadana se quedará con la candidatura de 9 de las 14 intendencias en juego, y si los guarismos de setiembre son similares a los del domingo, podría sumar tres senadores y dos diputados provinciales a su bloque, así como una importante cantidad de concejales.

Más allá de conducir y del resultado que obtenga en las generales, el espacio de Fernández Sagasti potenciará su inserción territorial y legislativa de manera súbita. Algo que de ninguna manera hubiese obtenido si la unidad tan mentada se plasmaba antes de la PASO.

Foto: Jo Thomatis

La candidata corre desde atrás y tendrá que trabajar para retener el máximo de votantes de Bermejo, así como profundizar sus estrategias para convencer al universo del diez por ciento remanente entre el voto en blanco, el MST, el Partido Intransigente, Federal, y de los Jubilados.

La mata callando

Foto: Seba Heras

El gran ganador de las PASO fue Alfredo Cornejo. Con el 29,46% de los votos, su delfín Rodolfo Suárez se alzó con la candidatura de Cambiemos. El número llega a 42,89% en el frente si se suman los sufragios obtenidos por Omar De Marchi y Fernando Armagnague (12,15% y 1,28% respectivamente). Un plafón importante para esperar de local las generales de octubre.

A pesar de que la performance del oficialismo es inferior a las elecciones de 2015 y 2017, el resultado del domingo le ofrece relativa tranquilidad.

Omar De Marchi y Rodolfo Suárez.
Foto: Seba Heras

Tras algunos daños colaterales sobrevendrán mimos al PRO para retener el imprescindible aporte de De Marchi. El lujanino, quien se quedó con el consuelo de aplastar al cornejista Martín Kerchner en los comicios municipales, seguramente corresponderá al convite, ya que podría incorporar un par de diputados y un senador propio si los resultados de las PASO se replican en setiembre.

Sin embargo, la preocupación que se dilatará hasta las generales es la misma que concentró la tarea previa a las primarias: el grado de afectación política que surge de la estrecha relación del radicalismo con el PRO presidencial dentro de la alianza Cambiemos. Una labor que aglomera los esfuerzos del jefe de campaña de Suárez, presidente de la UCR y gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo.

Foto: Seba Heras

Alfredo es Mauricio, pero hasta aquí, y a pesar de la profunda crisis económica y social provocada en coautoría, el oficialismo local ha salido bastante airoso de esa identificación. La sobreactuación de Cornejo en su rol de pope radical se fundamenta más en el cuidado del terruño propio, única garantía de supervivencia política, que en la esquiva expectativa de trascendencia nacional.

Con la primaria presidencial en el camino hacia la definición del gobernador –o gobernadora- de Mendoza, en estos días se establecerá cuán comprometido deberá ser el aporte local a la sociedad de Cornejo y el radicalismo con el proyecto reeleccionista de Mauricio Macri.

Foto: Seba Heras

Detrás del vozarrón de Cornejo, Suárez se hace el distraído y con razón. Pero más allá de la aparente tranquilidad, deberá salir de la “chatura intelectual” de la campaña, denunciada por su propio jefe, y demostrar algo más que orden, administración, mano dura y deuda. El pueblo mendocino manifiesta necesidades acuciantes que no serán revertidas solo con “la revolución de las veredas”.

 

Ganó Cornejo

Ella le gana