La tradición en Argentina marca que los terceros domingos de octubre las mujeres que son o han sido madres pueden ser agasajadas y reconocidas por sus familias. Actualmente esta fecha es una más de las que se comercializan en el centro o en los shoppings, pero eso es otra historia.

En la plaza San Martín de la Ciudad de Mendoza, hubo un festejo anticipado, bastante especial. Se celebraron la vocación, la entrega y la perseverancia. El Amor.

[No hay palabra que salga de EL OTRO que no se escriba con el corazón en la mano. Estas líneas, además, se escribieron con el alma en la piel].

Ayer, alrededor de las 11.40 de la mañana, las 50 personas que se congregaron en “la marcha de las madres” –se realiza todos los jueves antes del mediodía en esa plaza- empezaron a rodear el monumento del Libertador con el ritmo lento que marcan las piernas cansadas.

Foto: Coco Yañez

 

María Assof de Domínguez y Agustina Elcira Corvalán de Vera encabezan la ronda sosteniendo banderas y contenidas por compañeros de organismos de derechos humanos, dirigentes sindicales, estudiantes, trabajadores y trabajadoras. Una de las banderas dice “NI UN PASO ATRÁS”, la otra afirma que “La falta de trabajo es un crimen”. Ambas están firmadas por las Madres de Plaza de Mayo.

La ronda recorre, por segunda vez, el trazado repetido en cientos de otras veces y se estaciona en la esquina noreste de la plaza, al lado del pañuelo alegórico que reconoce a las Madres. Sobre las escalinatas una especie de escenario natural eleva al músico Jorge Cuello, quien desde el micrófono comienza a organizar al grupo que se ha reunido y entrega reconocimientos a los que sostienen la lucha desde hace años.

Una fotografía ampliada reciben los representantes de organismos defensores de los derechos humanos, sindicatos, estudiantes y demás colaboradores.

NinoFoto: Coco Yañez

 

Modestia aparte, la fotografía ha sido tomada por una persona muy respetada y querida por muchas mendocinas y mendocinos: nuestro reportero gráfico Coco Yañez.

Coco YañezFoto: Apprentice

 

Pasadas las festividades del reconocimiento del esfuerzo, Cuello entrega el micrófono a María. De anteojos oscuros, elegante, como siempre –su pelo impecable y su rostro hermoso, maquillado- se planta una vez más para impedirle al olvido que tergiverse el norte o el sur, o como se quiera llamar al horizonte de lo deseable, en el marco de la justicia social.

Dos momentos son fuertes en su discurso llano, sencillo y directo. María no puede creer lo que sucede con el país en términos políticos y económicos. No está de acuerdo con el rumbo que el gobierno nacional le ha impreso al desarrollo del país y…

En un momento se quiebra. No puede seguir y Paco –el bueno- comienza a entonar el clásico canto: “Madres de la Plaza el pueblo las abraza…”

MaríaFoto: Coco Yañez

 

María es fuerte, pasó los ochenta hace rato y sigue luchando. Se recompone y la emprende con la fecha del domingo, y aquí las lágrimas son colectivas, porque María cuenta que este domingo es muy especial y con la mano libre llama a Claudia, su nieta recuperada luego de 38 años, (hija del hijo que la dictadura cívico militar, que destruyó la Argentina entre 1976 y 1983, le arrebató).

Claudia también es Madre y el domingo será agasajada por sus hijos. Ellos hoy pueden saber que tienen una bisabuela y que se llama María. Esos niños contarán otras historias.

Luego de las emociones “el Jorge” toca y canta Gracias a la Vida de Violeta Parra y se eleva una plegaria silenciosa de las y los presentes para agradecer este encuentro y la posibilidad de soñar con los que vendrán.

¡Feliz día de las Madres!