OPINIÓN | Por Ricardo A. Ojeda*

Las recientes noticias sobre el “brote“ de hantavirus en nuestro país han despertado opiniones, críticas, análisis y comentarios desde varias aristas. Desde la retracción del Estado, específicamente las áreas de Salud, falta de previsión y planificación ante la enfermedad, hasta el poco conocimiento y falta de difusión a la sociedad en general, de los agentes transmisores y las vías de infección, entre otros.

Seba Heras
Dr. Ricardo Ojeda.

Colilargos, hantavirus y desfinanciación de la ciencia y la tecnología, particularmente el CONICET, son el marco de esta nota, ya que permite acercar a la sociedad las vinculaciones entre las investigaciones científicas básicas, fundamentales, y el hantavirus en particular.

Sin ahondar en demasiados detalles técnicos digamos que:

1.- En Sudamérica existen alrededor de 19 especies de colilargos (roedores pequeños de cola larga y cuya longitud supera el tamaño de la cabeza y cuerpo) y  se extienden desde México hasta Tierra del Fuego.

2.-  En el país ocurren 111 especies de roedores nativos pero sólo 6 de ellas han sido identificadas como reservorio del virus hanta que pueden transmitirlo al humano (1).

Foto: Télam

3.- Las especies o agentes transmisores del virus hanta pertenecen al género Oligoryzomys (colilargos) y Calomys (1)

4.- Las investigaciones sobre la identificación de estos roedores (taxonomía de la biodiversidad), se extienden desde los primeros años del siglo XIX hasta nuestros días… hoy, ¡ahora!

5.- La mayoría de los investigadores abocados a los estudios taxonómicos forman parte del staff de las Universidades, Institutos y Museos.

6.- Uno de los atributos para la determinación e identificación de especies vectores de hanta, es la anatomía, y por ello los estudios taxonómicos dependen del acceso a las Colecciones Científicas o bases de la biodiversidad del país (ejemplos: Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavía”, CABA: IADIZA-CCT CONICET Mendoza: Colección Lillo, Universidad Nacional de Tucumán, entre otras).

Foto: Seba Heras

7.- Las investigaciones en taxonomía integrativa (morfología, citogénetica y molecular) y sistemática de la biodiversidad tienen una larga trayectoria en el país, y la mayoría de estas las realizan miembros de la Comunidad científica del CONICET. Esto es, investigadores, becarios y técnicos integrantes de cátedras o departamentos de Universidades, Museos, e Institutos de investigación asociados a herbarios, colecciones científicas (paleontología, mastozoología, ornitolología , herpetología, etcétera).

8.- Otra de las dimensiones de la historia natural de los ratones es la ecología. Esto es, ¿en qué hábitat viven?, ¿qué comen?, ¿cómo y cuándo se reproducen?, ¿cuáles son sus abundancias?, ¿cómo y cuánto se dispersan?, ¿cuál es su ciclo de vida?, ¿quiénes son sus depredadores y competidores?, entre varias otras preguntas básicas fundamentales para poner a prueba hipótesis y predicciones que ayuden a entender la biología de los organismos.

Foto: Télam

Estas investigaciones ecológicas también la realizan miembros de la Comunidad científica del CONICET, a través de tesis doctorales y la financiación de proyectos, dependientes en su mayoría de organismos como CONICET y  AGENCIA (perteneciente a la Secretaría de Ciencia y Técnica).

9.- Dejando de lado la taxonomía integrativa y ecología, las disciplinas más pertinentes para el caso de hantavirus que nos ocupa, son la epidemiología y ecoepidemiología, que unidas, y colaborando en conjunto con investigaciones en genética y ecología de poblaciones, nos ayudan a entender y determinar la carga viral, el tipo de cepa involucrada, si hubo mutación o no, si se trata de una expansión de las poblaciones de ratones, o cambio en sus abundancias por otros factores (ejemplo: floración de la caña bambú), entre varias otras preguntas. Aunque suene reiterativo, estas investigaciones la realizan miembros de la Comunidad científica del CONICET.

Foto: Cristian Martínez

Podría continuar con los roedores, el colilargo y el hantavirus, pero estos días ya lo detallaron colegas e institutos del CONICET (1).

A modo ilustrativo digamos que una rápida búsqueda de la palabra “hanta” en las bases del CONICET nos da como resultado: 7 Institutos, 44 investigadoras e investigadores y un buen número de técnicos y becarios (3). Esto significa que detrás de los números hubo decisiones de política científica para la consolidación, creación y equipamiento de institutos, crecimiento de la comunidad científica, financiación de proyectos de investigación sostenidos en el tiempo, subsidios a investigaciones colaborativas, estadías y congresos científicos. Significa que hubo políticas para repatriar científicos y proporcionar las condiciones de trabajo investigativo necesarias para canalizar la curiosidad, la vocación, la resolución de problemas… Políticas para enfrentar los desafíos que tenemos frente nuestro como el cambio climático, pérdida de biodiversidad, invasiones biológicas, fragmentación de hábitats, enfermedades emergentes, conflictos socio-ambientales, y tantos otros, en tantas otras áreas y disciplinas.

Foto: Seba Heras

El objeto de mi nota es ilustrar y reflexionar, a partir del “colilargo”, sobre cómo vamos construyendo los cimientos del conocimiento. Es decir, la infraestructura institucional y académica sobre las que descansa parte del entendimiento y comprensión que tenemos de nuestra biodiversidad, de nuestra naturaleza. En otras palabras, de nuestro patrimonio ambiental, social y cultural.

Aunque suene reiterativo, recordemos que se trata de nuestra producción científica, de nuestros investigadores, becarios, técnicos, docentes, institutos, universidades, museos y colecciones científicas, entre otros.

Los pequeños grandes conocimientos que tenemos, logrados a través de largos años, a modo de los ladrillos de una casa que levantamos entre todos, pertenecen a la humanidad. Recuperar, consolidar y ampliar la política de Estado que facilitó estos logros, impulsar el estudio, la investigación científica y desentrañar el extraordinariamente rico mosaico que nos ofrece la naturaleza, la sociedad y las culturas, es el mejor legado que podemos dejar.

 

* Investigador superior del CONICET. Grupo de Investigaciones de la Biodiversidad. Iadiza, CCT CONICET Mendoza.

 


 

Referencias

1-Diferentes especies de roedores son hospedadores de Hantavirus en la naturaleza. Instituto de Diversidad y Ecología Animal (IDEA), CONICET Universidad Nacional de Córdoba.

2-Isabel Villafañe y Luciana Piudo. 2019. ¿Qué sabemos sobre roedores involucrados en la transmisión del virus que causa el síndrome cardiopulmonar por hantavirus en Argentina? Gacetilla de la Sociedad Argentina para el Estudio de los Mamíferos, SAREM.

3-Unidades Ejecutoras CONICET

CICYTTP
Centro de Investigaciones Científicas y Transferencia de Tecnología a la Producción, Entre Ríos.

CIMA
Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera, Capital Federal.

ICIVET-LITORAL
Instituto de Ciencias Veterinarias del Litoral, Santa Fe.

IDEA
Instituto de Diversidad y Ecología Animal, Córdoba.

IEGEBA
Instituto de Ecología, Genética y Evolución, Capital Federal

IMEX
Instituto de Medicina Experimental, Capital Federal.

IMPAM
Instituto de Investigaciones en Microbiología y Parasitología Médica, Capital Federal.