Las generaciones “que no estudian ni trabajan” también tienen sueños y tuvieron que ponerlos en pausa. Encerrada en casa, sosteniéndose a través de trabajos precarios y con mucha incertidumbre, Jo Thomatis discurre sobre la idea de la eterna cuarentena de les más jóvenes: ¿Alguna vez tuvieron futuro? 

Por Jo Thomatis
Fotos de archivo: Coco Yañez, Seba Heras

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El psicólogo argentino y altamente mediático Alejandro Shcujman escribió el libro Generación Ni Ni en el que hablaba, allá por 2014, de “un nuevo fenómeno social que se ha puesto en la mira de los sociólogos y psicólogos de distintas latitudes: un alto porcentaje de jóvenes que ni estudia, ni trabaja, dificultando así su acceso al ‘mundo adulto’”. Shcujman es solo una más de las voces adultas que se replican desde hace décadas para referirse con desdén a las nuevas generaciones y que intentan desplazar el foco de un problema sistemático que tiene plena relación con el sistema político-económico que impera en el mundo.

¿Qué pasa con las juventudes? Son consideradas altamente nihilistas y parece que nada les importa: no quieren tener familia, no tienen sueños profesionales, no planifican a largo plazo. Según muchos especialistas del ámbito de la opinología, las generaciones jóvenes que hoy habitan el planeta “lo tienen todo servido en una bandeja de plata”. Hoy se puede satisfacer cualquier necesidad humana con solo hacer un pedido a domicilio a través de un celular. Eso es real pero no es toda la verdad.

Yo soy una de las voces en un cuerpo de esta generación Ni-Ni, la de les jóvenes de menos de 35 años que no pueden acceder al mundo del trabajo formal, a un estudio, a estabilidad económica, a planes a largo plazo y ni siquiera a una vida saludable, pero que salen a las calles cuando perciben algún derecho vulnerado. Y desde este lugar puedo ver todo lo que se dice sobre nosotres, cómo se llenan la boca quienes nos preceden hablando de nuestra presunta falta de sueños y motivación.

Cierto es que siempre tuvimos una bandeja de plata frente a nuestras narices. El acceso a tecnologías nunca antes vistas nos llenó de estímulos y nos da respuestas rápidas a cosas que tal vez antes podían tardar meses en ser resueltas. Donde disiento con los grandes opinólogos es en el contenido de esas fuentes virtuales que pusieron en nuestras mesas.

Pienso en mi madre y mi padre, en mis abuelos. Desde la pobreza y la educación pública pudieron profesionalizarse, criar familias, construir sus propias casas, consumir alimentos de calidad, sociabilizar en su barrio, en sus trabajos, pelear por sus derechos en la calle, entre otras cosas, durante décadas y décadas. Claro que fueron también quienes tuvieron que atravesar la angustia de guerras injustas, dictaduras militares y muchos otros horrores y errores de la sociedad, pero hasta de esos escombros lograron salir adelante porque sabían que había un futuro para ellos.

Había un futuro para ellos. “Sin proyecto de trabajo, vocacional, ni perspectivas de crecimiento personal, temerosos, indecisos, paralizados en su proceso de crecimiento, sin capacidad de tomar decisiones, instalados en el confort familiar. Lo que define la condición de Ni-Ni, valga la paradoja, es la indefinición”, dice la sinopsis del libro de Schujman. Así nos ven y yo me pregunto: ¿Para nosotres había un futuro?

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Schujman tiene razón, no tenemos proyectos de trabajo ni de estudio, ni perspectivas de crecimiento profesional. Pero resulta que no los tenemos porque no hay trabajo estable para nosotres, saltamos de uno precario a otro precario en cuestión de meses y cada año se hace más difícil acceder a educación de calidad sin tener un peso en el bolsillo. No somos capaces de tomar decisiones sobre nuestras vidas porque no tenemos la oportunidad de hacerlo.

¿Quiero una familia? ¿Quiero ser madre? La verdad es que no lo sé todavía, pero lo que sí sé es que este sistema redujo drásticamente mis posibilidades y la de mí generación de traer al mundo a una persona y que ella tenga un futuro pleno, uno como el que también me falta a mí. ¿Quién quiere hacer planes sobre relaciones humanas o proyectos colectivos cuando no sabe qué será de sí misma el día de mañana (mañana literalmente)?

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El sistema político-económico que las generaciones precedentes eligieron para desarrollar sus vidas y sus proyectos es el que ahora limita nuestras opciones. Nos sirvieron en bandeja de plata una alimentación de mala calidad, un planeta altamente contaminado, un sistema laboral colapsado y relaciones humanas basadas en lógicas mercantiles y de posesión. Pero sobre todas las cosas, nos han hecho mamar la ilusión de que lo tenemos todo y que podemos hacer cualquier cosa que nos propongamos.

A nuestros sueños y planes a largo plazo tuvimos que pausarlos porque no tenemos las herramientas para desarrollarlos, esa es la realidad que nos toca enfrentar a les pretendides Ni-Ni. Hoy estamos encerrades sin saber cuándo vamos a poder salir a buscar trabajo en un ámbito laboral completamente flexibilizado en el que están, casi en su totalidad, desdibujados los derechos humanos.

Me atrevo a decir que a les jóvenes este sistema nos ha tenido en cuarentena casi toda la vida, y no precisamente porque elegimos instalarnos en el confort familiar, sino porque cada vez que buscamos independizarnos no encontramos espacios desde donde poder hacerlo de una forma sana y sin dañar más el planeta en que vivimos. Porque, también sucede, por fin tomamos consciencia de las consecuencias de los actos de la humanidad.

No somos iluminades, simplemente conocemos, tal vez como nunca antes, las consecuencias de no cuidar el entorno en el que vivimos. Ahora ni siquiera podemos salir a la calle gracias a los rumbos erráticos elegidos en el mundo entero.

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Leo y escucho en todos lados desde hace años a gente que constantemente me está diciendo que yo no tengo anhelos, que no quiero ser mejor, que no quiero trabajar, que no quiero estudiar, que no quiero comer bien, que no me importa la humanidad. Todo lo que me sale articular, frente a lo que nos toca atravesar a les más jóvenes, son preguntas: ¿Alguna vez tuvimos un futuro? ¿Quiénes se preocuparon para que ese porvenir existiera?

Realmente nos importa mucho la humanidad, y por eso nos gustaría que nos saquen del banco aunque sea unos minutos para poder protagonizar el juego que nos propusieron. Nos faltan cartas, nos quitaron los dados, no nos dieron fichas. Todo lo que queremos les jóvenes es que nos dejen salir a ganarnos esa vida de trabajo, educación, salud y afectos que tanto nos prometieron.

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