Tras la represión en Villa Mascardi, el gobierno nacional solidificó su discurso con la teoría de la “lucha contra violentos que amenazan a la sociedad”. El mensaje se imprimió con fuerza desde el primer minuto. Apenas se conoció la noticia, los trabajadores de Radio Nacional recibieron aprietes que evidencian la imposición del pensamiento único.

Foto: Radio Nacional
Fernando Subirats.

El operativo de las fuerzas federales de seguridad, que dejó como saldo la muerte de Rafael Nahuel, miembro de la comunidad Lafken Winkul Mapu, el sábado 25, en las afueras de Bariloche, prueba la vehemencia del gobierno nacional frente a los reclamos del pueblo mapuche. Paralelamente a la escalada represiva oficial, se extiende la construcción de un relato que hace eje en la teoría de pueblos originarios que no respetan los valores del Estado de Derecho y amenazan la Nación.

Para garantizar que el discurso se extienda a través de todos los canales oficiales y para oficiales, y en la voz de funcionarios de todas las líneas, el gobierno imprime directivas con virulencia. El último domingo, en horas de la tarde, el gerente periodístico de Radio Nacional, Fernando Subirats, hizo circular mensajes a través de WhatsApp que llegaron a los trabajadores de las 49 emisoras que conforman la red de la radio pública.

Radio Nacional no opina

Captura de pantalla: WhatsApp
Mensaje emitido por Subirats.

EL OTRO tuvo acceso al texto donde el directivo, en clara alusión a los operativos represivos en el sur, insta a impedir las voces disidentes, señalándolas como el discurso de los violentos. “Si alguien en lugar de informar incita a la violencia no solo será despedido sino denunciado penalmente. (…) En radio nacional no permitiremos que los micrófonos sean usados para engendrar violencia (sic)”, advierte Surbirats.

En esa línea, el funcionario refuerza la bajada de línea, aclarando que “en Radio Nacional no se opina” y “que al periodista que no le guste… tiene las puertas abiertas para trabajar en otro lado”. Por último, Subirats subraya, en consonancia con la identificación que se estableció en el discurso oficial, que “la radio del Estado debe informar siempre pero no llamar a las armas”.

Captura de pantalla: WhatsApp
Mensaje emitido por Subirats.

Con el correr de las horas y de las emisiones de los medios del poder, el concepto de violencia fue fijándose con más fuerza a la apreciación de la protestas del pueblo mapuche. El gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, ya había hablado del “grupo violento que niega al Estado argentino, la existencia de nuestra Constitución y de nuestras autoridades”. Más tarde, los informes del Ministerio de Seguridad de la Nación también se expresaron en ese sentido y, finalmente, la ministra Patricia Bullrich canonizaría el relato: “Estamos frente a grupos violentos que han escalado esta situación. Grupos que no respetan la ley y no reconocen a la Argentina, el Estado, la Constitución, los símbolos y se consideran como un poder fáctico, que pueden resolver con una ley distinta a la de todos los argentinos”, resaltaba la funcionaria completando la idea de Subirats.

La resignación de la tragedia

Foto: Coco Yañez
Gabriela Figueroa.

El mensaje coercitivo se inscribe en una línea que las autoridades de los medios públicos vienen trazando desde que asumieron. La adhesión militante a la ideología de Cambiemos, el control excesivo de los contenidos y la persecución a los trabajadores que han expresado sus pensamientos, conviven en las gestiones de la mayoría de las repetidoras de “la radio de todos”.

En nuestra provincia, la directora de Nacional, Gabriela Figueroa, dejó en claro en los últimos días cuál es su lectura de lo sucedido en las acciones represivas en contra de la comunidad mapuche. La funcionaria destacó vía twitter: “Que Maldonado descanse en paz. Que su familia alcance la resignación de la tragedia de esa muerte por inmersion. Que los mapuches y los que tuvieron en vilo a un país recapaciten. Amen” (sic).

 

 


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Figueroa se fue de boca