Mendoza -

Por Penélope Moro

“Libertarias. Mujeres que dejan huellas” reconstruye en 50 figuritas la historia de las mujeres que protagonizaron las guerras independentistas en América Latina. Recientemente editado por Chirimbote y las Juanas Editoras, EL OTRO entrevistó a Mariana Baizán, escritora e ilustradora de esta obra que propone llenar los cuadritos vacíos de la historia.  

Foto: Cristian Martínez
12 de julio: Mariana Baizán, acompañada por Laura Chazarreta y Cecilia Merchán, durante la presentación de Libertarias.

En 50 figuritas ilustradas a mano con acrílicos, fibras y colores de madera y un álbum diagramado en secciones continuadas por épocas, la artista y activista feminista Mariana Baizán recrea el protagonismo de las mujeres en las luchas independentistas de América Latina.

El valor del arte en el activismo, los aportes políticos de estas mujeres silenciadas a lo largo de siglos, y los puntos en común entre ellas y las combativas del presente, son los ejes de esta charla que tuvo lugar en la casa de la artista mendocina, entre figuritas donde se ve a mujeres que dan pelea con piedras, cuchillos, espadas o con el propio cuerpo como arma inequívoca. Estrategas, al mando de redes de información, a caballo, a pie y en pleno combate. En soledad o al calor de numerosas mujeres organizadas.

Foto: Cristian Martínez

La historia de Libertarias tiene un antecedente: La Patria también es mujer, un libro que vio luz en 2010, también editado por Las Juanas Editoras. A diferencia del álbum de figuritas de las 50 libertarias, recuperó en historietas a las mujeres que fueron partícipes activas en la vida política de la nación los 200 años que siguieron luego de la Revolución de Mayo. Puede decirse, una forma feminista de revisar el bicentenario.

Mariana fue convocada a guionar y dibujar la historieta/capítulo dedicado a la incansable militante del voto femenino en el país, Alicia Moreau de Justo. “Fue mi primer acercamiento a la historiografía femenina. Me convocaron meramente desde la ilustración”, cuenta y reconoce que a partir de ese momento comenzó a involucrarse con el feminismo y a trazar los primeros pasos a la par de las mujeres que hoy integran La Colectiva.

Foto: Cristian Martínez
Mariana Baizán.

Tu aporte en la militancia feminista ha sido siempre desde la ilustración. ¿Esto te ha provocado cambios en la manera de experimentar el arte?

Sí, totalmente. Ante todo la idea de romper la concepción académica de que el arte solo se vive en las galerías. Aunque la ilustración, la rama a la que me dedico, tiene una génesis más popular, y a la vez nunca fui amante de las muestras y la solemnidad. Siempre me gustó más publicar. En concreto, la militancia-arte me cambió la cabeza a partir de la devolución de las personas que recogen una ilustración mía, una historieta, una pegatina. Verlas que sienten realmente estas imágenes o este producto ha sido creado para ellas, y digo “ellas” porque la mayoría de mis trabajos tienen como destino a las mujeres. Cada vez que esto sucede descubro que hay mucha sed de arte por el modo de recepción y bienvenida. Digo sed de arte y no hambre, el hambre es otra cosa. Es lo que me mueve a seguir creando.

A su vez que el arte así vehiculizado hace más palpable su función transformadora. En este sentido, ¿qué fibra creés que tocan tus dibujos en las mujeres que los reciben?

Cuando vos exponés y estás en esferas más high casi no ves la devolución, y menos acá en Mendoza donde el público por lo general asiste a la inauguración y luego esa muestra se convierte en un salón vacío con cuadros colgando. En esta forma de ejercitar el arte, la militancia, hay devolución y lo que se provoca es la identificación. Yo dibujo muchas mujeres, todas diversas, no estereotípicas. Te dibujo a vos sin hacerte un retrato, capto tu espíritu. Esta manera de arte es sentir que alguien está pensando en nosotras, es muy gratificante, revelador.

Foto: Cristian Martínez

Tan necesario como recuperar historias que nos fueron ocultadas, negadas y que en esa recuperación nos modifican la manera de entender el mundo. ¿Qué te llevó a crear el álbum de estas 50 libertarias?

Lo empecé a hacer en 2015 por una cuestión más bien personal, no fue una propuesta. Todavía no puedo explicarme  por qué salió la idea del álbum como soporte, por ahí los procesos creativos son cosa de magia. Respecto al tema, el disparador fue un recorte de revista que me acercó mi madre donde se relataba la historia de María Remedios del Valle, una afrodescendiente que había librado batalla en los ejércitos de Belgrano y nombrada por él Capitana. La llamaban en esa época “Madre de la Patria” y nosotros en pleno siglo XXI, la desconocemos. En 1880, con la construcción de la historiografía argentina, se resuelve su eliminación de los libros. Entonces pensé: así como estuvieron María Remedios y Juana Azurduy, deben haber sido muchísimas más.

Por otro lado, algo que me incomoda de las recopilaciones de mujeres de la historia es que siempre aparecen aisladas entre sí, en tiempo y espacio. Te hablan de Juana Azurduy en Perú en pleno siglo XIX, de ahí saltan hasta Frida Kahlo en México, a Eva Duarte en Argentina, Virginia Wolf en Inglaterra, mujeres del siglo XX. Sin un hilo conductor, nos muestran excepciones.

¿Podría decirse entonces que la segunda invisibilización en materia de género es la de la organización de las mujeres?

Sí, por eso cuando me senté a armar este trabajo tenía una chorrera de nombres sueltos y desorganizados en épocas y espacios. Relatos de mujeres muy originarias de repente se tocaban con una del siglo XX, una independentista o una bandolera mexicana, por ejemplo. Incluso sin grupo ni pertenencia.  Entonces dije, esto hay que organizarlo.

Foto: Cristian Martínez

¿Y cómo fue esa organización y selección, de manera que todas queden representadas en 50 figuritas?

Fue como trabajo de tesis: un gran tema y todo por organizar. Muchas mujeres quedaron afuera, las del siglo XX, las indias de Estados Unidos que encararon una lucha muy particular por la independencia, por ejemplo. Decidí empezar por las latinoamericanas, desde el 1500 y hasta las sanmartinianas. Así fui armando el hilo conductor a partir de las rebeliones de Tupac Amaru y la independencia del Alto Perú, pasando por el desarrollo general de las guerras de independencia en América Latina, y me concentré en seleccionar a las mujeres con mayor participación.

Hablás de diferentes grupos de mujeres en espacios temporales y espaciales ¿Qué tienen en común todas ellas?

Todas se sacrificaron por la libertad de su territorio. Todas entendían que el extranjero era un invasor y que había que poner el cuerpo y salir a la lucha con lo que tuvieran a mano, a la par de sus maridos, hermanos, padres, hijos, arriesgando el pellejo hasta las últimas consecuencias. La mayoría tuvo finales tristísimos: capturadas, presas, torturadas, humilladas públicamente, asesinadas, y las que lograban sobrevivir al tiempo morían en el abandono y la mendicidad.

(Mariana mira la figurita N° 30 que corresponde a la sección de las “Independentistas latinoamericanas”: Ana María Campos. La levanta y cuenta que fue una venezolana del siglo XVII  dedicada a organizar políticamente a su pueblo contra el colonizador Francisco Morales. Cuando los realistas descubren que estaba “trabajando bajo traición” es condenada a azotes públicos. La acusaban de haber expresado en público “Si Morales no capitula, monda”, algo que Ana María nunca negó. Sin embargo, se resistió a pedir las disculpas obligadas: “Los azotes la dejan tan débil que al año muere. Tenía 20 años. Este fue destino de muchas de las libertarias”)

¿Se las discriminaba en los Ejércitos? ¿Cómo eran recibidas por los varones?

En realidad, la historia cuando las nombra ya lo hace como lideresas en su grupo. Pero claro que hubo muchas diferencias de trato. Se dice que el Gral. San Martín no aceptaba mujeres dentro de sus ejércitos. Pascuala Meneses fue una mendocina que a los 19 años quiso sumarse al regimiento sanmartiniano haciéndose pasar por varón (Mariana busca la figurita N°44 donde se ve a una joven a la vera de un camino con expresión entre tristeza y decepción). Logró alistarse para la gesta de Los Andes en la columna del General Las Heras. Cuando llegan a Uspallata descubren que es mujer y le ordenan devolver el uniforme y la mandan de vuelta a pie. Pascuala retorna desnuda, tapada con un capote y unas botas.

Hay distintas versiones pero en lo que se unen estos relatos es en que San Martín sí atendía y visibilizaba la ayuda más accesoria de las mujeres como fue el caso de las Patricias Mendocinas, pero a la ayuda de las Peladas de la Corrupción, la silenció. (Busca la figurita N°48 y cuenta que este grupo de mujeres también se conoció como “Patricias costureras”. Las reclusas mendocinas que pusieron la mano de obra para el Cruce de Los Andes: trabajaron día y noche para terminar en tiempo récord el ropaje de abrigo y de montaña, y las tiendas, que darían contención a los 5 mil hombres que cruzaron a Chile para libertarlo).

En cambio, se cuenta que Belgrano era más abierto e incluso se interesaba en sumar a las mujeres a sus ejércitos. En el norte se armó algo maravilloso: la red de espías, todas mujeres de diferentes clases y edades que primero trabajaron para Manuel Belgrano, luego para el Gral. Martín Miguel de Güemes.

Para la primera y la segunda década de los 1800, Salta era una provincia con mucha vida social entre los españoles. Estas mujeres se ocupaban de robar información en las tertulias, muchas veces disfrazándose de varones, también se hacían pasar como vivanderas, hasta amantes de altos mandos del ejército español. A Juana Gabriela Moro, una de las ideólogas de la red de espías, (Mariana busca la figurita n°39 del álbum y la muestra) la descubren y la encierran en su casa para que muera de inanición. Una criolla vecina, a pesar de ser del bando español, agujereó una de las paredes y la contuvo pasándole alimentos varios meses.

En cuanto a las ilustraciones, ¿usaste como referencias retratos de cada una o fue más bien de inspiración libre?

No son retratos porque de la mayoría no hay registros o fuentes fidedignas. Hay una base de época pero nada ortodoxa. Son recreaciones, una forma de volverlas a la memoria.

Y las volviste en movimiento, en las figuritas se ven todas mujeres en acción…

Sí, todas: combatiendo, tramando. Esta es Micaela (señala la figurita N° 13 donde aparece Micaela Bastidas Puyucahua, compañera de Tupac Amaru II, en posición de estratega junto a un mapa).  Tenía una mamá india y una madre negra, a partir de allí me fui imaginando sus rasgos y en cuanto a la acción la que creí más representativa de su perfil. Micaela tenía una faceta política muy marcada, fue la principal consejera de Condorcanqui. Hay muchas incas, afrodescendientes, criollas pero son todas ilustraciones producto de la imaginación. Tampoco hay rigor respecto a las vestimentas, nunca tuve la intención de retratar. Son mis interpretaciones y creo que esta libertad al momento de crear es también la que causa la identificación.

Por ejemplo, a las negras y mulatas que fueron centrales en la lucha contra las invasiones inglesas decidí representarlas con gestos más bien fuertes (vemos la figurita N° 24 que refleja a una mulata con un sable en la mano) porque siempre fueron mostradas adornando la escena, dicharacheras y simpáticas, y no como lo que realmente fueron: las esclavas de la época y defensoras de un territorio que ni siquiera contenía a sus raíces. Las negras fueron las que pusieron el cuerpo.

En este álbum te dedicaste a las heroínas del pasado que nos negaron, pero es una constante encontrar en tus dibujos a las actuales referentas del género ¿Qué hay en común entre aquellas mujeres y las de hoy?

La fuerza de la resistencia al avasallamiento del extranjero. Como las de ayer, las mujeres de hoy son las que copan las calles dándole batalla al neoliberalismo en esta época donde nos vuelven a negar derechos adquiridos. Nada más y nada menos que el punto en común.

 


 

Para conseguir el álbum Libertarias. Mujeres que dejan huella se puede escribir al Facebook La Colectiva Mendoza o pedirlo al 0261 156956500.

 

Este año Mariana ilustró a Milagro Sala y Nélida Rojas, presas políticas de la Tupac Amaru en Argentina. Fue en la víspera del 3 de junio, marcha por Ni Una Menos, el dibujo tuvo gran repercusión nacional.