La gestión cultural oficial escribió en los últimos días una nueva página lamentable. A la saga de cúpulas incendiadas, grúas que caen, Sanmartines banalizados, patrimonio que se derrumba y pelopinchos de Le Parc, la Orquesta Filarmónica de Mendoza sumó la prohibición del uso de un piano público a prestigiosos músicos de nuestro tango.

Foto: gentileza Altertango

 

El sábado pasado se realizó en el Teatro Independencia de Mendoza el espectáculo “Somos Tango”, que reunió a importantísimos músicos de trascendencia nacional e internacional. El evento, autogestionado por Andrés Leoni (actualmente residente en España) y los integrantes de Altertango y Araca Aires Urbanos, contó además con la presentación del porteño Julio Coviello, bandoneonista insoslayable de la nueva corriente tanguera.

El espectáculo fue aclamado de punta a punta por el público que colmó la sala más tradicional de la provincia, confirmando ante los escépticos de siempre que el tango sigue vital y respira con aires nuevos, aquí en esta isla sin mar tan lejana del puerto. Aunque –al decir del poeta Alorsa- lo hayan apolillado tenores engolados, encerrado en museos repetidos o crucificado en la resurrección de cumparsitas, el tango siempre vuelve y resiste, a pesar de los pesares.

Foto: gentileza
Olalla y Coviello.

La producción de Somos Tango no estuvo exenta de viejos avatares. Lo que debió ser una celebración de lo nuestro se embarró en lo organizativo por la cerrazón de algunos autoproclamados guardianes de la cultura, quienes negaron a los docentes, compositores e instrumentistas Elbi Olalla (Altertango) y Carlos Acosta (Araca Aires Urbanos) la utilización del piano que alberga el Independencia.

Lo van a romper

Resulta absurdo aunque es necesario explicarlo. En el año 2008 el gobierno de Mendoza adquirió un piano de cola Steinway, una de las marcas más reconocidas en el mundo por su calidad sonora. El instrumento especialmente fabricado en Alemania para nuestra provincia, y pagado con la plata de los impuestos de todos los mendocinos y mendocinas, fue puesto a cargo de la Orquesta Filarmónica de Mendoza (OFM).

Dentro de la OFM una Comisión Artística es la que dispone, entre otras funciones, el uso del instrumento en cuestión. Conocedores de la burocracia del piano, los organizadores de Somos Tango solicitaron formalmente -y con suficiente anticipación- el instrumento para el concierto, aunque jamás el permiso les fue otorgado.

Foto de archivo: Cristian Martínez
Así sí: el Steinway de la Filarmónica rodeado por las cuerdas europeas.

En un comunicado público difundido el miércoles pasado, firmado por Olalla, Acosta y Camilo Martínez, los organizadores explicaron que el 3 de abril presentaron una nota dirigida a la Comisión Artística, y a la secretaria de la OFM Valeria Verzi, y que recién el 12 del mismo mes (a tres días del recital) recibieron una contestación vía Whatsapp.

“No pueden autorizar el uso del piano porque no creemos que se hagan cargo si le pasa algo. Decile que el problema es que van a usar el piano amplificado y eso es un riesgo por la experiencia que ya tenemos”, fue el escueto mensaje de las autoridades de la OFM que recibió Olalla en su teléfono. Sí, así como se lee, como si una notificación administrativa pudiese reemplazarse por un mensaje al cual se le “clava el visto”.

Foto: Ángel Castro - www.talcomosoy.org
Así no: agosto de 2016, Elbi Olla toca el piano que hoy la Filarmónica le niega.

Atónitos, los músicos presentaron una nueva nota el día 13 de abril reclamando una respuesta formal de parte de los custodios del piano público, y se informe sobre la reglamentación que da jurisdicción a la OFM sobre el instrumento. Ni una ni otra cosa aparecieron, sólo flojas excusas, entre ellas la opinión “profesional” del pianista de la orquesta, Emanuel Fernández, quien manifestó que, según lo que él había “googleado” en Internet, las vibraciones de la batería de Altertango y Araca afectarían negativamente al Steinway.

Según trascendió –siempre por las vías de la informalidad-, la mayoría de los miembros de la Comisión Artística se opusieron a la utilización del piano. José Fernandes Pereira Neto, Zurab Tchrikishvili y Abel Alejandro Manzotti dieron su no positivo, mientras que la cellista “Lelé” Bengolea, no se atrincheró tras el lustre del piano de cola y se expresó en favor de facilitar su ejecución para la interpretación de la música popular.

Foto: gentileza.

 

En conclusión: la persistencia de los/las tangueros/as pudo más que la élite burocrática, y Somos Tango se celebró igualmente pero con el piano de Elbi Olalla, el que fue trasladado en una camioneta desde su casa al “teatro mayor de los mendocinos”, como si no hiciese falta más metáfora para representar el arte a pulmón versus la desidia de la secretaría que conduce Diego Gareca, hoy más preocupado en barrer la “basura kirchnerista” que en las políticas públicas en favor de la cultura. 

“Frente a semejante atropello nuestra respuesta es tratar de arrojar luz sobre esta situación de clara discriminación por parte de colegas (quienes son los que integran la Comisión Artística) y abrir el juego a la participación popular acerca del uso de un bien del Estado, herramienta de trabajo que necesitamos (y que en otras ocasiones hemos usado, con amor y cuidado)”, definieron los músicos en el comunicado, donde además apelaron al compromiso de la totalidad de la OFM, la Secretaría de Cultura, la dirección del Teatro Independencia, los músicos mendocinos y “la sensibilidad de toda la comunidad que se nutre del arte de los que día a día le ponemos el cuerpo a esta situación de autogestión de la música popular”.

 


 

Ilustración: Haku Sen

 

En las redes sociales los músicos iniciaron la campaña Un piano para el pueblo, un “espacio de debate público acerca del uso del piano Steinway que habita el Teatro Independencia de Mendoza, administrado por la Orquesta Filarmonica”.

Desde la provincia y otros lugares de la Argentina talentosos artistas se van sumando a la propuesta de democratización de los bienes culturales del Estado.