Mendoza -

Compromiso de práctica feminista para despatriarcalizar el campo del arte.

Por Natalia Encinas

Después de décadas de lucha sostenida del movimiento de mujeres y feminista en Argentina, del grito colectivo enorme que significó(a) NiUnaMenos y mientras seguimos pidiendo –con el cuerpo, nuestros cuerpos en las calles, otra vez este 25 de noviembre, Día Internacional por la Eliminación de la violencia hacia las mujeres– por nuestras vidas, algo se sigue moviendo. En verdad, algunas. Somos nosotras, que seguimos exigiendo que no queremos ni una muerta más por violencia machista y, también, que nos queremos libres de todo tipo de violencia, libres de decidir sobre nuestros propios cuerpos –y por ello seguimos exigiendo el derecho al aborto legal, seguro y gratuito-, libres de elegir o no la maternidad, libres en las formas de vivir las maternidades elegidas.

Somos nosotras, que exigimos que nuestros salarios no sean inferiores a los de los varones, que denunciamos que los nuestros son los trabajos más precarizados y que la feminización de la pobreza es una de las consecuencias de estos tiempos de renovados ajustes neoliberales. Somos nosotras, que seguimos exigiendo que las tareas de cuidado sean equitativamente repartidas. Somos nosotras, que nos queremos libres de las opresiones –de género, clase, orientación sexual, racialización- que son desigualdades que se inscriben en nuestros cuerpos.

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Graciela Sacco, esperando a los bárbaros, 1996-2011.

Eso que se mueve -imparable, intempestivo, en voz alta, ruidoso, en la calle, en nuestras casas y camas- nos lleva a revisar y repensar las conductas recurrentes en los distintos ámbitos en que nos movemos. Y eso, visto bajo las lentes violetas del feminismo, nos mueve a querer sacudirlo todo. Así, hemos puesto la mirada en lo que sucede –también- en el campo artístico, por el que, con distintos roles y funciones, transitamos y hacemos y el cual no es ajeno a las estructuras patriarcales que moldean prácticas e instituciones y naturalizan conductas, lugares, modos de ver, de apreciar, de relatar e historizar en los que nosotras, las mujeres, somos subestimadas, subalternizadas, violentadas o directamente invisibilizadas.

En esa dirección surgió el Compromiso de práctica artística feminista, un documento elaborado por la recientemente conformada Asamblea Permanente de Trabajadoras del Arte. El texto, redactado de modo colaborativo, nació a partir de la noticia de la muerte de la artista rosarina Graciela Sacco. La noticia circuló, entre otros ámbitos, por las redes sociales. Allí, en su perfil de Facebook, la recordó la curadora e investigadora Andrea Giunta, quien reposteó algunos puntos que propuso la artista y escritora Leticia Obeid en relación a las dificultades que encuentran las artistas mujeres en la escena cultural local.

Esos puntos fueron enriqueciéndose –y sumándose muchos otros- en respuestas a su posteo. Todos en la misma línea: visibilizar las conductas machistas y la desigualdad de las mujeres en el campo del arte y con un tono, a su vez, tendiente a asumir algunas prácticas orientadas a subvertirlas. Andrea propuso, entonces, sistematizarlo en un documento. Era, el que había emergido en ese intercambio, un material valiosísimo que exponía diversas situaciones que, por lo general, permanecen ocultas, silenciadas o dichas por lo bajo, sin espacios para decirlas públicamente y, con otras, politizarlas. Así, un grupo más acotado (en el que trabajamos junto a Cecilia Palmeiro, Cristina Schiavi, Andrea Giunta, Marina De Caro, Ana Gallardo, Georgina Gluzman, Marina Reyes Franco, Violeta Nigro, Gloria Cortés Aliaga,  traducido al inglés por Jane Brodie y al portugués por Mariana Bastos) fuimos organizando el material, agrupando, afinando, y el resultado es el Compromiso de Práctica Artística Feminista que está circulando hace ya unos días por las redes sociales y por algunos medios de prensa.

Lejos de ser un mandato para otrxs, el documento -que se titula “Nosotras proponemos”- cuenta con un total de 37 puntos elaborados a modo de compromiso de práctica feminista para el campo del arte que buscamos asumir lxs ya más de dos mil firmantes (entre lxs que se cuentan muchísimas mujeres, pero también varones, y de diversos países). Nos hablamos a nosotras mismas: esto es a lo que nos comprometemos, esto es lo que queremos, por ello vamos a luchar y, en ese mismo gesto, visibilizamos una serie de violencias solapadas, veladas, naturalizadas. Invitamos, a la par, a que otrxs se sumen, a que sigamos pensando juntxs, invitamos a firmar, a comprometerse con un hacer feminista en el campo del arte. El fin del texto es netamente político: “busca crear conciencia sobre las formas patriarcales que, como una membrana invisible, moldean el ejercicio del poder en el mundo del arte”, señala.

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Graciela Sacco, Cuerpo a cuerpo / El incendio y las vísperas.

Y, además, buscará pasar del texto a la creación de formas colectivas de articulación. Así, se está organizando una primera reunión de la Asamblea de Trabajadoras del Arte para el día 25 de noviembre próximo en Buenos Aires con la idea de participar luego, juntas, de la marcha. La propuesta incluye también una convocatoria a la comunidad artística global a organizar el Paro Internacional de Mujeres el 8 de marzo de 2018 en el mundo del arte y sus instituciones.

Entre sus cientos de firmas el Documento cuenta ya con varias adhesiones de artistas, investigadoras, trabajadoras del arte de Mendoza quienes nos hemos sumado a este Compromiso para intervenir, desde el feminismo, en el campo del arte. Aquí también algo se sigue moviendo. Somos nosotras. Y tanto hay por sacudir y transformar de las estructuras patriarcales en el ámbito del arte local. La propuesta está hecha.

 

El documento completo puede leerse y firmarse aquí