Mendoza -

A menos de una semana de la partida de Jorge Marziali, los recuerdos se nos vienen encima todos los días. Compartimos con nuestros lectores algunos recortes de la vida del gran artista mendocino: fotos de Coco Segura, mientras Jorge y Juan Falú terminaban de escribir la última tonada; el mítico long play de 1986, con comentarios manuscritos impresos sobre las letras de las canciones; y una anécdota del Marziali periodista, acerca de sus comienzos en el diario Clarín.

Tan mendocino como la tonada

Foto: Gentileza Coco Segura
Jorge Marziali y Juan Falú

“Anoche me di el gustazo de mostrar nuestra Tonada de antiguo ruego, la que terminamos hace un mes en Mendoza, en medio de las 100 empanadas que hicimos y de la charla jocosa sobre nuestros triglicéridos”, escribió Juan Falú el 9 de julio, el mismo día del fallecimiento de su amigo y compañero.

Foto: Gentileza Coco Segura

La panzada fue en Donde duerme la luna, la casa, sala de arte y restorán de Viviana Ordoñez, testigo presencial, junto a Coco Segura, de la reunión cumbre. Coco registró esos momentos con su cámara fotográfica y a través de una grabación que amablemente envió a este diario.

Foto: Gentileza Coco Segura

En el audio se puede escuchar el borrador de la tonada, en canto y guitarra de Falú, mientras Marziali realiza los retoques finales sobre el cogollo. “A usted mi compañero le dejo este racimo, apenas un flor, para entregar el corazón. Ya ve que soy tonada, mendocino soy”, recita en voz alta el poeta, al tiempo que reescribe su canción.

Cerca nuestro

Foto: Coco Yañez

En 1986 Marziali editó su segundo disco Cerca nuestro. El long play contiene canciones que Jorge cantó durante las próximas décadas, como Los obreros de Morón y Cebollita y huevo.

En la última entrevista con EL OTRO, el trovador habló de ambos temas:

“Yo sentí que (Los obreros de Morón) perdía vigencia, lo que pasa es que la gente no quiere que pierda vigencia. Es muy raro porque es una canción que trasciende la ideología dogmática, la ideología “calentona”. Es más, hay radicales que la cantan. Me parece que es una canción que nació con una suerte tremenda y, más allá de que en algún lugar se mencione a un personaje de la historia como puede ser Perón, la descripción de ese paisaje no había sido hecha antes, salvo en algún tema del rock…”

Foto: Coco Yañez

“Cebollita y huevo está más en el filo del panfleto, está muy cerca del panfleto. Para mí debió ser, y así la pensé, una canción coyuntural. Está escrita en los albores de la democracia, en el 83. Yo pensé en sacarme el gusto de decir lo que pasaba, vamos a empezar de nuevo, y está todo bien, olvidémonos lo pasado y vamos para adelante… y la canción tiene cada vez más vigencia. El que hizo mal la evaluación histórica viniente soy yo”.

Ponele la firma

Foto: Coco Yañez
Marziali con EL OTRO

Suele ocurrir que, por razones de espacio, algunas anécdotas jugosas quedan afuera de las entrevistas publicadas. Casi al final de la charla con EL OTRO, Marziali contó con mucha gracia una de sus tantas historias memorables de los años 70. Casi ayer, narraba Jorge:

Yo estudiaba periodismo, y (Antonio) Di Benedetto, que fue profesor decía: “Lo que se puede decir en diez carillas, se puede decir en una línea”. Es un desafío.

Yo tengo una anécdota de Clarín sobre mi primera nota firmada. Era sobre el aniversario de Rosario Vera Peñaloza. Me puse a investigar, a escribir la nota, qué se yo… Y me dijo el diagramador: “son doscientas cincuenta líneas”, ponele. Yo hice como trescientas, y la empecé a cortar. La dejé en doscientas cincuenta, bien afilada, le saqué todos los adjetivos pelotudos, y la mandé al taller.

A la hora me llaman por teléfono:
– ¿Es usted Marziali?
– Sí.
Yo hacía cuatro meses que laburaba en el diario.
– ¿Puede bajar al taller un minuto?- me dice el jefe, el armador, porque todavía se armaba en caliente.
Bajo y pregunto:
– ¿Qué pasó?
– Mire, acá sobra este pedazo porque entró un aviso. Me tiene que cortar más o menos por acá…- me dice el tipo.
– El diagramador me pidió doscientas cincuenta líneas, son las que escribí, y no se puede cortar.
Entonces viene el tipo, me pone la mano en el hombro, y me dice:
– Vos sos nuevo, ¿no?
– Sí.
– Bueno, acá en el taller le cortamos a Borges. ¡O lo cortás vos, o lo corto yo!