1. ¿Te imaginás construir tu propia casa con cañas, barro y botellas de gaseosas? Osvaldo Lendaro, junto a un grupo de arquitectas, diseñadores, trabajadores y vecinas de Lavalle, demuestran que es posible crear nuevos hábitats autosustentables. La clave: aprender de la naturaleza.

Fotos: Coco Yañez

En la localidad lavallina de Tres de Mayo una ronda circunda al maestro, quien explica cómo hacer tejas de plástico a partir de botellas descartables. Con un caño de chapa y una pistola eléctrica de aire caliente, “el profe” demuestra la manera de alisar el pet de los envases y luego describe la técnica para dar forma a las piezas de un futuro techo.

“Las pintás y quedan iguales que las tejas comunes. Yo las tengo en techos de mi casa y la gente ni se da cuenta que son botellas de plástico. Son gratis, impermeables, se ajustan con unos tornillitos muy baratos, soportan el sol, el viento y el granizo, y duran doscientos años”, destaca Osvaldo Lendaro, el maestro autodidacta que encabeza este taller de yurta organizado por la Municipalidad de Lavalle.

 

 

Pero, ¿qué es la yurta? Osvaldo, profundamente entusiasmado, nos explica en detalle el origen de esta técnica ancestral: “La yurta es tan vieja como la humanidad, es patrimonio de los mongoles del Tíbet. Las tribus nómades construían con estas técnicas tiendas que se armaban y desarmaban y que les permitían movilizarse con sus rebaños. Desarrollaron estructuras revestidas con pieles de animales que soportaban climas de mucho viento y frío”.

Hoy el desafío del grupo que encabeza Osvaldo es construir un espacio para las niñas y niños del Centro de Desarrollo Infantil y Familiar del Barrio Andacollo, recuperando el conocimiento histórico y los recursos disponibles.

 

 

“Una de las premisas de estos diseños es ver con qué recursos se cuenta en el lugar para poder construir. En este caso estamos utilizando cañas muy resistentes y livianas, alambre, tornillos, espuma de polietileno y botellas descartables recuperadas, para poder armar una estructura de tres metros y medio de diámetro que se va a montar sobre una base de cemento y hierro, lo que nos va a permitir evitar problemas de humedad en esta zona donde las napas de agua están a poca profundidad”, describe Osvaldo en diálogo con EL OTRO.

Osvaldo Lendaro.

Lo primero que llama la atención es la forma circular de la obra. ¿Cuáles son los fundamentos para construir de esta manera?

La clave de la yurta es la geometría implícita en los reinos mineral, vegetal y animal. La forma redonda de estas estructuras es mucho más eficiente que cualquier otro tipo de planta, porque es resistente a los vientos, es económica, tiene mayor capacidad, es más fácil de higienizar y ventilar… En fin, tiene muchas ventajas.

Originariamente este tipo de estructuras eran plegables porque se transportaban. Acá la estamos reforzando para dejarla fija, con techo de cañas paralelas y cruzadas.

La circularidad permite que viviendas con estas técnicas siempre estén ubicadas de modo correcto respecto del sol, esta forma hace que la ventilación sea más eficiente, aquí el aire asciende en espiral hacia una abertura cenital, son aerodinámicas y, por lo tanto, los vientos no las derriban.

Foto: Gentileza Cobijo Humano

 

Foto: Gentileza Cobijo Humano

 

Osvaldo ha realizado distintas experiencias de yurta en su casa de San Martín. Estas imágenes muestran el desarrollo de amplias y complejas obras que demuestran opciones posibles de construcción, con las mismas técnicas compartidas en Lavalle.

 

Foto: Gentileza Cobijo Humano

 

El mito dice que construcciones como estas se llenan de vinchucas. ¿Es cierto?

La vinchuca suele estar asociada a la caña, a la pobreza, al gallinero, pero en realidad, por ejemplo, hay vinchucas en plena Ciudad de Mendoza. En los nidos de las cornisas las palomas actúan como vectores del insecto.

La clave siempre es la limpieza. Donde hay higiene no hay vinchucas. En este caso el piso será de cemento, toda la estructura de caña, las paredes de barro, revocadas y enlucidas a la cal, y el techo impermeable y aislante.

¿Se puede caer con un temblor?

La construcción es sismorresistente. La flexibilidad de los materiales que utilizamos, la aplicación de principios de geometría y el bajo peso de la obra, hacen que resista perfectamente los movimientos sísmicos que tenemos en Mendoza. Además, la forma circular aerodinámica evita que los fuertes vientos puedan voltearlas o desarmarlas, a diferencia de las construcciones cuadradas que reciben las ráfagas de lleno.

Cualquiera de nosotros puede ingresar a estas construcciones terminadas y sentir la certeza de que son seguras.

Osvaldo Lendaro es un obstinado especialista en yurta, aunque trabaja desde hace 34 años como oficial público de una oficina del Registro Civil de San Martín. Entre otras cosas, es piloto de avión, inquieto, “no puedo estar cinco minutos viendo un partido de fútbol” – nos dice -, un curioso permanente, un adulto que juega como un niño.

La Municipalidad de Lavalle conoció sus experiencias a través de Cobijo Humano, la página que Osvaldo tiene en Facebook. A partir de ese encuentro, la comuna le ofreció dictar cuatro talleres para transmitir sus conocimientos y vincular a la yurta con los proyectos de construcción en barro (quincha mejorada) que viene desarrollando el municipio. En definitiva, el departamento pretende capacitar a quienes estén interesados, para luego acordar y establecer normas edilicias que permitan autorizar edificaciones que incluyan estas técnicas.

“No hacemos más que copiar a la naturaleza, aprender de ella a nivel microscópico y macroscópico. Todos nosotros venimos de una célula redonda, estuvimos nueve meses en un vientre materno con la misma forma y luego vivimos en hábitats cúbicos. Esto no es natural. En cambio, nosotros intentamos estar en armonía con las formas y estructuras de la naturaleza”, nos dice convincente Osvaldo desde el interior del entramado que paulatinamente se va acercando a su forma definitiva.

 

 

¿En qué momento la forma occidental de concebir nuestras casas se divorció de la naturaleza?

El gran problema del humano es que se siente fuera de la naturaleza. No sé en qué punto de la historia nos desconectamos y perdimos el contacto con ella. Yo pretendo que recuperemos esa conexión. A partir de la observación descubrí que esta manera de construir es lo más lógico y está al alcance de todo el mundo.

Hoy hay una movida global hacia el camino de reconexión con lo natural, a un despertar de la conciencia. La idea no es descartar la tecnología ni trasformar por completo nuestra vida de golpe, estamos en una transición en la que tenemos que quedarnos con lo que funciona e innovar con lo que necesitamos.

Esto no es mío, esto está presente en el universo, nadie lo puede patentar, sería como adueñarse de la luna o el sol.

 

Otra construcción es posible